
Reconstruction (Penguin). 2007. Reconstrucción (pingüino). Impresión digital y objeto. sobre repisa. Colección privada
no por mucho madrugar, el lechero llama dos veces y se reduce el efisema pulmonar, aunque no llores por mí Argentina, ¡adiós Nicanor! ojos que te vieron volver, jamás te verán... y el tren y los trenes ¿dónde están? En todo caso,
Hacer un registro de narradores, poetas y ensayistas pertenecientes a cuatro generaciones diferentes, fue el objetivo del fotógrafo Alberto Tovalín con su exposición Los conjurados: 51 escritores mexicanos.
En ella, lo mismo aparecen Carlos Monsivaís, José Luis Rivas, Juan Villoro, Fernando Savater, Alberto Chimal, que Karen Plata, Inti Muñoz o Natalia Toledo, retratados de manera lúdica para sacarlos de su contexto literario.
Ya sea hablando por teléfono, acostados en el piso, sentados en la sala de su casa, observando el cielo, posando de diferentes maneras, los escritores participantes en 43 fotografías –en una de ellas hay ocho de ellos- muestran su lado humorístico que no necesariamente se expresa en sus obras.
En la sede de la Coordinación Nacional de Literatura del Instituto Nacional de Bellas Artes –lugar en la que se inauguró la muestra- Alberto Tovalín señaló que el trabajo de retratar a los escritores inició en 1990.
Tiempo después de eso, dijo, el INBA lo buscó para hacer una exposición que enseñara los retratos que tenía, así como la posibilidad de dar a conocer los rostros de las nuevas figuras de la literatura mexicana.
Inspirado en el libro Los Conjurados (1985) del escritor argentino Jorge Luis Borges, nombró a su exposición de la misma forma porque, según él, con un rito se puede convocar a seres afines a una creencia, que en este sentido es a la literatura.
Ganador en 1993 del Premio Adquisición Sotero Constantino, otorgado por el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca, aclaró que muchas de las imágenes se tomaron este año. Sin embargo, hay otras que son de archivo como las de Fernando Sabater.
Sobre como se curó la exhibición dijo: “no está organizada de ninguna forma. Pero los retratos están enfocados en mostrar las formas corporales, más que la manera de ser de cada uno de ellos”.
Su imagen favorita es la de Sergio Pitol, pues, según mencionó, haberlo puesto a posar en su casa de Jalapa, Veracruz, fue maravilloso. En este sentido, añadió que el proceso para tomarles las fotografías fue diverso.
“Muchas de las primeras imágenes se dieron porque compartimos la misma generación. Con el resto me fui a relajar, comer, chupar…Siempre me interesó romper el hielo que se podría generar”.
El escritor Luis Felipe Fabre, quien además de aparecer en la exhibición, escribió el texto que acompaña el catálogo de Los Conjurados, dijo que en este trabajo aparece a la vista la conquista de un estilo que distingue al autor.
“Su mirada desacralizadora, lúdica, antisolemne, cargada de un humor más alegre que irónico pero nunca exenta de malicia. Y todo esto sobre el melancólico telón de fondo que le es propio al arte fantasmático de la fotografía”.
Fabre explicó que los retratos de Tovalín despojaron a los escritores de toda parafernalia y pose literaria. “En la mayoría de las fotos no hay enormes libreros, ni escritorios, cuadernos o pantallas en blanco; en ninguno de los retratos, aparecen escribiendo, leyendo, declamando o autografiando alguno de sus libros”.
Los Conjurados permanecerá abierta al público hasta el 26 de septiembre en la sede de la Coordinación Nacional de Literatura del INBA. Alberto Tovalín ya trabaja en otra muestra que pretende ser un concepto abstracto de los retratos.
LOS CONJURADOS MUESTRA FACETAS INÉDITAS DE 51 ESCRITORES MEXICANOS*** El fotógrafo Alberto Tovalín presentó exposición en Los conjurados. 51 escritores mexicanos, del fotógrafo Alberto Tovalín, es una exposición que presenta facetas inéditas de diversos escritores a través de una sonrisa explosiva o un puño cerrado. La muestra, que se inauguró este domingo 24 en Se trata de una exposición atípica si se piensa que toda colección de fotografías de escritores debe contar con elementos propios de su oficio: grandes libreros, un escritorio con libros desparpajados, la imprescindible máquina de escribir, el café o el cigarro humeante. Además, resultará extraña si se espera un conjunto de retratos cargados de gestos solemnes, erguidos sobre el pedestal de su obra literaria. Nada de eso muestra el trabajo de Tovalín. Este artista rehúye a estas convenciones y se inclina más por el lado lúdico del arte fotográfico. Y es que si bien la escritura es una mirada selectiva sobre las cosas, Los conjurados es una mirada particular sobre diversos escritores mexicanos, algunos vinculados generacionalmente, otros relacionados sólo por la vigencia de su actividad literaria. Un elemento que se repite en la obra de Tovalín es la luz como creadora de ambientes y reveladora de gestos para convertir al escritor en personaje de su obra. Así lo muestran algunas imágenes, como la de Fabrizio Mejía Madrid con su aire desenfadado, o el reflexivo Juan Villoro. También quedan los retratos que exponen al artista no por lo que muestran, sino por lo que evocan. A veces no es la imagen directa ni el retrato sencillo del autor lo que nos lo revela mejor, sino su perfil desenfocado, el atisbo de su rostro en la penumbra. Entre los escritores “conjurados” por Tovalín están: Rafael Antúnez, María Baranda, Mario Bellatin, Geney Beltrán Félix, Luis Jorge Boone, Jorge Brash, Hernán Bravo Varela, Víctor Cabrera, Emmanuel Carballo, Rocío Cerón, Jaime Chabaud, Alberto Chimal, Antonio Deltoro, Beatriz Espejo y Luis Felipe Fabre. Además de Inti García Santamaría, Alberto Lomnitz, Tedi López Mills, Ernesto Lumbreras, Carolina Luna, Fabricio Mejía Madrid, Carlos Monsiváis, Myriam Moscona, David Olguín, Ignacio Padilla, Sergio Pitol, José Luis Rivas, María Rivera, Álvaro Uribe, Paola Velasco, Enzia Verduchi y Juan Villoro, entre otros. Alberto Tovalín nació en la ciudad de México (1961) y estudió la licenciatura en Lingüística en Su trabajo se ha publicado en revistas especializadas de Estados Unidos y España, así como en las editoriales Anagrama y Fondo de Cultura Económica. En 1993, Tovalín fue beneficiario del programa Jóvenes Creadores del Fondo Nacional para El artista formó parte del Consejo Consultivo para Jóvenes Creadores del Instituto de Cultura de Campeche, y en 1999 del Instituto Veracruzano de Cultura. Ese mismo año obtuvo el apoyo del Programa Fomento a Proyectos y Coinversiones Culturales del FONCA para la coedición del libro y exposición Joaquín Santamaría, Sol de plata. |



| Por Sergio González Rodríguez |
De la República de las letras a la red de blogueros que versifican o inscriben en el ciberespacio, hasta el momento, ninguna mente lúcida ha examinado las conductas de la intelectualidad mexicana y sus relaciones ante el poder en los últimos años. |
| Fuente: El Ángel de Reforma / México Domingo, 22 de junio de 2008 |
Tránsitos y Geografías. Encuentro de Poesía Brasil-México
Tránsitos y Geografías. Tránsitos entre las diferencias, geografías comunes que se generan en el poema. Este encuentro quiere ser un punto de diálogo entre los registros poéticos –complejos, caóticos, contemporáneos, distantes y cercanos al mismo tiempo– de dos naciones con largas tradiciones literarias. Tesituras distintas, paisajes del centro y de la periferia. La colección es tan caótica como nos fue posible. Exactamente por eso pensamos en esta selección de poetas y poéticas como en una muestra de artes visuales: paisajes urbanos, no tan urbanos, externos, internos, íntimos, abstractos. Colecciones de paisajes. Colecciones de voces que representan un pulso, pulso de dos naciones y de sus poetas que van de lo barrial hasta la experiencia hiperintelectual en el poema. Muestra de imágenes cuya mayor linealidad está en su dispersión y en su amplia variedad de aprehensión. Bienvenidos a Tránsitos y Geografías. Encuentro de Poesía Brasil-México.
PROGRAMA
Miércoles 25 de junio, 19:30 hrs.
Presentación de Caos Portátil. Poesía contemporánea del Brasil, lectura en voz de sus autores
Participan: Víctor Cabrera, Rodolfo Mata, Clarissa Della Nina, Rodrigo Castillo
Modera: Valquiria Wey
Lectura de poesía: Angélica Freitas, Sergio Cohn (Brasil)
Sede: Centro de Estudios Brasileños
Paseo de la Reforma 455, Col. Cuauhtémoc
Jueves 26 de junio, 19:00 hrs
De Capirinha y Tequila: Poesía del Brasil y de México
Lectura de poesía
Participan: Sergio Cohn, Angélica Freitas (Brasil), Amaranta Caballero, Luigi Amara, Mónica Nepote (México).
Presentación a cargo de Rodrigo Castillo
Sede: Casa Refugio Citlaltépetl
Citlaltépetl 25, Col. Condesa
Viernes 27 de junio, 19:30 hrs.
Tránsitos y Geografías: lectura de poetas brasileños y mexicanos
Primera mesa:
¿Hacia dónde se mueven la poesía brasileña y la poesía mexicana?
Participan:
Sergio Cohn (Brasil) y Daniel Téllez (México).
Modera: Sergio Loo.
Discusión abierta al público al final de la mesa.
Segunda mesa: 20:30 hrs.
Dos geografías, dos potencias: Lectura de poesía
Participan: Angélica Freitas, Sergio Cohn (Brasil), Juan Carlos Cano, Rocío Cerón, Minerva Reynosa, César Silva Márquez, Marisela Guerrero (México)
21:30-23:30 Cierre del encuentro, cóctel y música
Música a cargo de Bishop y Daesfunka
Sede: Centro de Estudios Brasileños
Paseo de la Reforma 455, Col. Cuauhtémoc
Organizan:
Ediciones El billar de Lucrecia / Embajada del Brasil en México / Centro de Estudios Brasileños
Sedes:
Centro de Estudios Brasileños
Paseo de la Reforma 455, Col. Cuauhtémoc
Tel. 5553.3183 / 5286.5456
Casa Refugio Citlaltépetl
Citlaltépetl 25, Col. Condesa
Tel. 5211.4446 / 5211.3264
Entrada gratuita a todas las actividades.
Informes sobre las actividades
Ediciones El billar de Lucrecia
http://elbillardelucrecia.blogspot.com
Quienes cuentan con el amor, generalmente cuentan el amor. Los buenos amadores son buenos narradores. Alguien lo dijo alguna vez: “nos enamoramos para contar de nuevo nuestra historia.”
Francisco Hernández
Diario invento es la narración de un buen amador; amador de la lengua en que la perra Depresión le trae el desayuno; de la lengua en que sus poetas, sus amigos, su familia y la amada son leídos y escuchados; en que sus alergias y antidepresivos tienen nombre. Un buen amador de la ironía, del gusto de inventarse a diario, de recorrer ciudades, conversaciones, libros, imágenes, calles y personas, y palabras. Diario invento es la recuperación de las palabras, las palabras inventadas, las recordadas, las recién nacidas, las burladas, que llegan a recobrarse en la escritura, en el relato de los caminos del ciudadano, del abuelo, del amante, del lector, del mirón, del creador de versos y poemas. Asistir a la invención de este diario, es presenciar la creación de un Francisco Hernández en el territorio de la escritura; creación cotidiana en la que lo imaginario y lo memorable se entreveran para que el escritor pueda devenir en otros nombres: La Jarocha, Sofía, el Mochaorejas, José Alfredo Jiménez, un agente de tránsito, una embarazada, Kafka.
Libro en el buró de un Francisco Hernández amado e imaginado, en el que todo pasa, una vez que saca la cabeza del saco de yute y se admira de la insistencia del sol, para caminar al lado de pintores, poetas y chamacas con el pelo rojo y señores con el pelo verde y jovencitos con el pelo amarillo, y fiordos y judíos; también Kafka, también su ciudad, Praga: “Kafka pasa junto a nosotros. Lo saludamos emocionados. Él ni siquiera voltea a vernos”.
Escribir a diario es volver los ojos al lenguaje, caer en cuenta de las palabras que llegan con el tiempo: “Después de los 50 frecuentemente se dicen, o se escuchan palabras tan seductoras como várices, calvicie, lonjas, colesterol, colitis, arrugas y testamento”. Es recibir con los brazos abiertos de la ironía y la celebración acontecimientos tan singulares como que el Necaxa le ganó a Chivas 1 a 0 en la final del campeonato y decir que: “El Necaxa es como los vampiros: su fuerza radica en que nadie cree en ellos”; o la llegada del Papa Peregrino, y formularse preguntas: “¿besará Juan Pablo II el suelo del Aeropuerto?, ¿se podrá levantar si lo hace?, ¿traerá algún logotipo de sus patrocinadores en la vestimenta?” o encontrar proverbios lo más de justos a la ocasión: “No por mucho aterrizar, amanecen más creyentes”. Proverbio Polaco; o este otro proverbio veracruzano: “Sólo te ofrecen homenajes cuando te estás haciendo viejo. Y sólo los aceptas cuando ya eres un viejo pendejo”.
Escribir a diario, es inventar a diario el amor, nombrarlo, trazar el mapa de sus recorridos para atajar el territorio vacío de su ausencia: “No estás y estoy en el vacío. Quiero verte. Mirar cómo te lavas los dientes, cómo haces quesadillas, cómo haces el amor.” Porque amar y escribir son el pan y el sol del potencial ciudadano suicida que leemos y que creemos que respira lo mismo que nosotros, el aire de esta ciudad de México que apesta; o que tiene una patria imaginaria en la Habana, en la voz de Omara Portuondo o en la ciudad Lutecia. Leer este diario es transitar de indocumentado en el territorio de la poesía y en el deseo pertinaz del que habita en la palabra:
Quedarme sin oír, casi enterrado, casi en el sordo entorno convertido, casi de piedra el río en la memoria, de piedra toda lengua de pájaro en la infancia, de piedra casi el esqueleto del aire venenoso, casi sin música en el corazón, sin verbo casi, sometido casi a los labios de una mujer-lenguaje donde puedo sudar hasta morirme, donde puedo callar y ser oído, donde puedo ser pronunciado como un nombre o casi dibujado como un hombre sobre una piedra-página hecha polvo.
[1] Francisco Hernández. Diario Invento. Abril de 1998- marzo 1999. Editorial Aldus [en colaboración con Monte Carmelo Ediciones], México, 2003.119 pp.
Una temporada en el Mictlán: alusión obligada, la otra temporada la de Rimbaud, y entonces el infierno, tal vez otro, quizá Dante. Fabre-Rimbaud-Dante, puede ser pero no del todo, no tan simple, fin de las alusiones obligadas, analogías inmediatas, de cajón, por tan de impronta. Ante todo la brevedad, porque la temporada de Fabre parece breve, tres poemas y una calavera, y parece también tratarse justo de las brevedades, de las fragmentaciones de la historia, de la palabra, de las alusiones inmediatas obligadas que se salen que son breves también. Porque pareciera que el juego de este texto va más allá del famoso scripta manen; pues después de la brevedad de estos poemas hasta lo escrito deja de permanecer, y si de aquello algo llegase a quedar será sólo un fragmento. Fragmentos los objetos, fragmentos las palabras de los hombres e incluso las de los poetas. Fragmentos de vida, lección de historia. Por eso el Mictlán porque es el lugar de los muertos, qué dejan los muertos fragmentos pero hermosos, dijo Nezahualcóyotl, y el fotógrafo del asa de la vasija y el observador de la fotografía. Entonces, por sustracción el Mictlán, la temporada en el inframundo del Mundo Antiguo que fue México tal vez, antes de que tal vez el infierno se instalará acá en la tierra o de que el infierno de la otra Ars longa, vita brevis. Sin pretenciones, Fabre pone en juego relaciones con lo sagrado, pero desde lo moderno, justo desde otra temporada, no es volver directamente al Mictlán de los antiguos, porque ese ya tampoco existe, sólo nos quedan fragmentos en museos de sitio, en el de Antropología, en fotografías, fragmentos, volver al mundo de los muertos es entrar a las bibliotecas, investigar, leer a los investigadores que ya encontraron datos pero nada volverá a la posible totalidad que fue en algún día. Jugar entonces, ironizar puede ser una nueva relación con lo sagrado; y volver a los juegos de la muerte que también es vida, imbricar relaciones, transgredir órdenes aparentes, Jugar. Echar a andar en brevedades las brevedades de la vida y de la muerte. ¿Qué sigue al canto? ¿Otro canto? ¿El silencio? Entonces si sólo quedan fragmentos y la nada que queda, hay sentido. Juego otra vez, Gorostiza escribió un poema existencial sobre algo parecido, que por qué de la muerte después de eso creo que se quedó callado, pero dijo algo y lo repetimos y lo pensamos y es un fragmento porque talvez Gorostiza se quedó sin decir algo, incertidumbre también y nos quedan los fragmentos. Para los nahualt que creían que si morían de muerte natural o de enfermedad iban a dar al depósito de muertos que era el Mictlán después de hacer un viaje que era una especie de retorno por donde se vino es decir vuelta a la caverna a la matriz, la muerte y la vida eran como una serpiente que se muerde la cola, para los judeo-cristianos la idea de la muerte es como de final, un sán se acabó del que se retornará hasta el día de un juicio final que quién sabe cuando llegué, pero llegará y todos serán juzgados. Y luego la modernidad que justo en el XIX de Rimbaud, le puso en la torre a eso de la trascendencia espiritual tal vez para dar paso a una idea de materialidad necesaria, nuestra relación con la muerte se trasforma, la muerte puede ser para nosotros una vuelta al vientre como lo era para los antiguos mexicanos es un stand-by para esperar al juicio final o sólo es muerte. Si es así entonces el sentido es dejar algo acá, aunque sea un fragmento, estamos cerca del Rey de Texcoco que era poeta, que es mundo de los muertos, dónde está nuestra relción con el inframundo tal vez es más cercana de lo que creemos nuestro mundo de los muertos está en cada uno de los fragmentos de la microhistoria que nos quedan en los fragmentos de cosas, en el Mictlán personal, fragmentario que son nuestros recuerdos, nuestras referencias, zompnactli de lecturas también; por eso Gorostiza que se preguntaba por estas cosas de la vida y de la muerte, y dejó fragmentos y de.
galope
para Re
Viene de todas la muertes un rumor de espejos:
perdimos un caballo naranja que hablaba de poesía y cultivos marinos,
hace un tiempo:
—de lo perdido lo hallado—
él hablaba en naranja oruga pipa de opio the wonderland´s alicia, dijimos, mirando el techo mirándonos los pies y la sonrisa naranja
en cortinas de humo, caballo naranja a galope de la locura —no Lorca, algo más simple y más triste—
cambiar cambiar de lugar, nadie de tonto sin sombrero, muchos no cumpleaños se nos acumulan: cambiar cambiar cambiar de lugar y techos y pies que las cortinas de humo desmenuzan cuando nos duele el sol por lo naranja, por lo que se nos quita de la noche y su galope de espejos
—y es hora de cuidarnos de nuestro hígado y de no jurar nombres en vano—: cambiar cambiar cambiar de lugar a galope,
a galope se desvance el mar la noche el techo los pies y las palabras naranjas, a galope: ráfagas perdidas naranjas de lo hallado
—de lo perdido: la sonrisa naranja y los sombreros.
Preparar chayotes es un acto recurrente que irremediablemente
me recuerda a mi abuela:
Carmen:
la que lloró de rabia y lo aborreció todo el día
en que la muerte se sentó en la orilla de su cama;
la de los aires de grandeza y familia aristocrática
la de liposucción y estiramiento y dentadura nueva
27 años, ha.
Preparar chayotes, parirlos…
La de
nombres que pronunciaba con mucha clase y que traía de la frontera.
Jugaba a policías y ladrones —amasaba una fortuna, dijeron—
Carmen Capone del Peralvillo Orol,
bodegones de tapanco en vecindad que decía: muy decente.
Carmen de Tokio, Madrid, Turquía, siempre tendrá un París,
sus propiedades, sus fincas: hacendada, acorazada, mi abuela la de las acumulaciones.
Nació en el 27, siglo XX, bailaba a escondidas de su madre, instantes de su fugacidad;
zurcía las medias hilo a hilo, eso dijo: “allá en
“Ponles sal, ráyalos muy fino”, también decía.
Yo le quería con toda el alma,
como se quiere sólo una vez
eso llorando cantaba con los ojos y nadie la veía, mi abuela:
la que jamás llamó a mis novios por su nombre y se reía.
La que a lomo de mula partió en busca de su hijo, el pródigo que vino a morírsele en los brazos: San Marcos, Querétaro, Vallarta, a lomo de mula, el loco, el artesano, su oveja descarriada.
Carmen, la que se iba al teatro sola: Brodway decía también las Vegas, Avenida Juárez.
La de zapato fino y maquillaje, afeites de una Carmen Bovary, y alguna vez fue dulce:
recogió el cabello de mi madre y la besó y le dijo que era buena.
Sicialianos por salecianos les decía a los padres de
la aristócrata, descendenciente de un poeta xochimilquense ya olvidado, y malamente muy romántico, abuela.
La que cultivó canarios a la muerte del abuelo y dejó de bailar.
Preparar, chayotes, parirlos.
La de los últimos días de costumbres japonesas, la abuela de kimono, faroles, cajitas rojas, porcelanas y zapatillas de dormir muy breves:
Carmen.
No sé qué pero yo, hoy ni mis muertos
con Mahler y toda la cosa, ni Pearl Jam, ni la santa suerte
de vivir en un departamento sin jardín interior exterior
---ni una plantita, vamos ni sapos, palmerines---
pastizales;
no concreto la imagen, la heráldica de cada cosa: por ejemplo, los
ingenios azucareros, sin dulce nada --un terroncito--.
Sabíamos que se nos iba a subir el azúcar a las barbas,
habrá que sintetizar proteínas, carbohidratos, semen sintético;
azúcar fermentado: alcohol –OH;
con todo, ni la química la biología entiendo,
nadie sacó oro de las piedras, tampoco vida eterna ¡benditos!
Pierdo los dientes, el cabello:
las uñas crecen (se entierran) con los años....
a los señores del belive or not:
un hombre de India o Pakistan o de Almería (exóticos lugares modernistas)
no gustaba de cortarse las uñas y de todo le hacían hasta subirle
los calzones:
cuarenta y dos centímetros de calcio y años y años y años de
sacrificio para que las uñas crecieran tangencialmente;
si así los pechos crecieran, Dolly Parton, seríamos qué cosa;
pechos como melones (melus- melitus) de nuevo la dulzura, baladas
Dafnis y Cloe cosechando melones del verano,
pese a que los pechos no crecen después de los dieciocho,
a menos que la gestación y no amamantes, pero se cuelgan como
el cordón del teléfono (yo te llamo) o la piola del ahorcado.
Después de todo, no somos eternos:
gocemos del abril y mayo que ya vendrá el agosto,
una golondrina de sí sola no hace verano, no crecen los pechos
ni las uñas, créalo o no....
polvo seremos, y a estas alturas, vaya a saber si polvo enamorado;
quizá enormes pechos consagrados por el celuloide, los platillos
mahlerianos, qué otra cosa
el azúcar se disuelve
te friega los dientes y las arterias,
por eso los ingenios y sólo te pagan las horas de la zafra,
zafremos palabras dulces del verano,
ferméntense que ardan –OH, también mis muertos,
scripta manen, todo se combustiona, los cuerpos
se corrompen, desaparecen,
el pelo, las uñas
polvo polvo nada.